Karina Struble, propietaria de Straight Line Painting. Foto: Marco Flores, JEFAS Magazine.

Por Christina Fernández-Morrow

Las mujeres que criaron a Karina Struble en Talca, Chile —su madre soltera, su abuela y sus tías— le enseñaron que el valor no es la ausencia de miedo, sino avanzar a pesar de él. Esa influencia la llevó de trabajar como cocinera a convertirse en propietaria de las únicas empresas de pintura comercial y residencial lideradas por una latina en Omaha.

Raíces en Chile: lecciones de valentía

Nacida durante una dictadura brutal, Struble aprendió desde temprana edad a enfrentar el miedo. Con acceso limitado a la educación superior, se volvió experta en supervivencia. Desde hacer autoestop para llegar a la playa y encontrar un momento de paz, hasta aprender por su cuenta a tocar instrumentos, encontró lecciones en las circunstancias. “Yo no era de escuela”, dice. “Pero siempre estoy aprendiendo”. Ese impulso hoy alimenta Shaver Painting and Decorating y Straight Line Painting en Omaha.

Struble desarrolló habilidades empresariales a través de la experiencia práctica, una base que sigue fortaleciendo en su vida y en sus negocios. Al llegar a Estados Unidos con 80 dólares y una guitarra, consiguió trabajo limpiando casas en solo tres días. Con ese dinero compró una bicicleta para ir a trabajar bajo el calor de Florida, y comía pizzas congeladas para poder enviar dinero a su mamá y a sus hermanos. Pero la limpieza es un trabajo solitario. No estaba conociendo gente ni aprendiendo inglés, dos cosas esenciales para prosperar en Estados Unidos.

El impulso de una madre hacia el éxito

Inspirada por la maternidad, Struble tomó un turno nocturno en una cadena de hamburguesas. Cuando terminaba su jornada a las 5 a.m., apenas tenía tiempo de ducharse y abrazar a su hijo bebé antes de ir al colegio comunitario local para tomar clases de inglés de 9 a 2. “Tenía los brazos cubiertos de quemaduras por la grasa. Me memoricé el menú en inglés y los precios para poder pasar a otro puesto, tomando pedidos”, recuerda. Ese movimiento valiente y estratégico fue el primero de muchos que cambiaron su vida. Quince años después, supervisaba seis restaurantes, a más de 200 empleados, y recibía premios por sus habilidades de liderazgo.

La confianza que Struble ganó al alzar la voz en la cadena de hamburguesas y la capacitación en el trabajo la motivaron a convencer a su esposo de dejar su empleo después de mudarse a Omaha. Vaciaron su 401(k) e invirtieron sus ahorros en la compra de un negocio de pintura. “Ya no quería un trabajo corporativo en el que los valores no coincidieran con los míos”, dice. “Quería ser dueña de mi tiempo, generar mis ingresos y dedicarme a cosas que disfruto, como la mentoría, la capacitación y el desarrollo personal”.

Con ganas de ir por más, Struble se inscribió en clases de emprendimiento en La Fuente Business Center, donde hizo conexiones en la industria de mejoras para el hogar.

Karina Struble, propietaria de Straight Line Painting. Foto: Marco Flores, JEFAS Magazine.

Construir negocios desde la pasión

Después de meses pintando paredes comerciales junto a su equipo, Struble sintió que le faltaba algo. La voz de su abuela resonaba: “El hogar es donde las personas que amas pasan más tiempo”. La pintura comercial era rentable, pero no alimentaba su alma como lo hacía crear espacios acogedores para familias, así que cambió su enfoque. Así nació Straight Line Painting, transformando casas en hogares cálidos, como los que las mujeres de su familia crearon para ella.

Struble imagina un futuro lleno de caminatas en la montaña y atardeceres junto al mar, viviendo la sabiduría de su abuela de formas que ella nunca habría imaginado. Al ayudar a subcontratistas —especialmente a mujeres y a quienes enfrentan barreras de idioma— a establecer sus propias LLC y evitar intermediarios que reducen las ganancias, está creando una red de emprendedores empoderados.

Convertir el miedo en oportunidad

Struble lidera con gratitud, consciente de lo difícil que es enfrentar las dudas que impiden que muchas latinas persigan sus sueños.

Las mujeres que la criaron en Chile sembraron en ella semillas de valentía.

“Superar el miedo es un reto. Decidí no escuchar esa voz de la infancia que decía: ‘Sin un título no eres nadie’. Convertí mi miedo en valentía, sabiendo de lo que soy capaz”, afirma.

Como símbolo de su logro, cuando Struble se convirtió en ciudadana estadounidense, se compró una guitarra nueva. Cada nota que toca le recuerda lo lejos que ha llegado: de ser una joven en Chile con poco más que valentía, a convertirse en una líder empresarial que crea hogares, oportunidades y esperanza. Su historia es prueba de que los actos de valentía, por pequeños que sean, pueden pintar un futuro lleno de posibilidades ilimitadas.


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