Wendy Urquidez, propietaria de Sushis Wendy LLC. Foto: Susi Franco, JEFAS Magazine.

Por Christina Fernández-Morrow

Amantes de la gastronomía y residentes de la zona se sienten atraídos por las brillantes luces verdes que rodean el letrero de “MEXICAN SUSHI” en el food truck de Wendy Urquidez en el West Point Farmers Market. En su interior, Urquidez combina pepinos cultivados localmente, aguacates y selectos cortes de carne premium de Nebraska para crear rollos perfectamente elaborados, fritos hasta quedar dorados u horneados a la perfección. No es el sushi que la mayoría de los nebraskenses espera, pero ha ganado rápidamente una clientela fiel.

Comida callejera de Sinaloa en West Point, Nebraska

Urquidez ha llevado la comida callejera de su natal Sinaloa a su nuevo hogar en Nebraska, transformando una cocina con licencia comercial construida en su garaje en el punto de partida de lo que podría ser una de las combinaciones culinarias más inesperadas del estado.

Sushis Wendy ofrece rollos que encajarían perfectamente en la costa del Pacífico mexicano, donde el sushi se sirve con salsa roja o verde hecha con pequeños chiles chiltepín, o bañado en salsa de soya, en casi cualquier carrito o establecimiento callejero. Esta fusión se ha convertido en un negocio próspero que une sus dos mundos y desafía el paladar con esta mezcla de sabores mexicanos y japoneses.

Cuando comenzó a preparar muestras para familiares y amigos en 2015, recibió elogios y motivación para compartirlas con un público más amplio. Dos años después abrió un restaurante, pero reconoce que el momento no era el adecuado y que aún tenía mucho que aprender sobre la gestión del negocio.

“Era demasiado grande y no teníamos suficiente ayuda. Realmente no sabíamos cómo manejar ese tipo de operación. Cerramos después de cinco meses”, comparte Urquidez.

Cerrar el restaurante no fue el final. Se enfocó en el catering y en vender en eventos en West Point y pueblos cercanos, donde encontró su nicho. Ya sea una bandeja de rollos de sushi fritos en panko, bañados con su salsa especial de la casa para reuniones corporativas, o coloridos ceviches de camarón en bodas, Urquidez se mantiene ocupada.

“Es muy diferente de lo que los nebraskenses están acostumbrados”, dice. “Pero la gente es curiosa y les gusta que esté cocido, además de que tengo opciones con pollo y carne si no les gustan los mariscos”.

Éxito del sushi: apoyo familiar y comunitario

Aunque Urquidez lidera el proyecto, Sushis Wendy es un negocio familiar donde su hijo adolescente y su esposo suelen ayudar comprando y preparando ingredientes, tomando pedidos y empacando comida para llevar.

“No tengo empleados; soy principalmente yo, y me gusta conocer a la gente y verlos disfrutar mi comida”, explica Urquidez. Aunque no habla mucho inglés, eso no la ha frenado.

“La mayoría de mis clientes saben que no hablo bien inglés, así que usan aplicaciones de traducción para enviarme mensajes o me contactan por Facebook para ordenar. A veces puede ser un poco difícil”, admite.

A través de mensajes en redes sociales y con la ayuda de sus hijos bilingües para interpretar cuando es necesario, ha creado una base de clientes que publica reseñas de cinco estrellas, envía recomendaciones con frecuencia y la invita a eventos donde su food truck siempre es bien recibido.

Wendy Urquidez, propietaria de Sushis Wendy LLC. Foto: Susi Franco, JEFAS Magazine.

Innovación culinaria, metas futuras e impacto local

De cara al futuro, Urquidez sueña en grande. Confía en que, con la experiencia adquirida con su food truck y su negocio de comida para llevar, algún día abrirá pequeños y acogedores restaurantes que ofrezcan a sus amigos y vecinos un sabor de la vida en Sinaloa.

“Estoy orgullosa de haber iniciado algo que no imaginé que crecería tanto a partir de un platillo que no era conocido en esta área, y ahora tengo tantos clientes que buscan mi comida”, afirma Urquidez. “Estoy lejos de mi tierra, pero muchas personas han llegado a conocer un poco de algo que es tan parte de vivir allá”.

A través de la perseverancia y la adaptación, Urquidez ha encontrado algo valioso: una comunidad que abraza su visión y sus sabores. Ya no es una extraña vendiendo comida rara; es una vecina que comparte un pedazo de su hogar, y el impacto en el panorama culinario de Nebraska parece duradero. Desde su cocina en el garaje hasta la feria del condado, ya ha logrado algo notable: hacer realidad un sueño que une dos mundos, convirtiendo lo desconocido en un nuevo favorito local.


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