Cornelia Velázquez, propietaria de Compras de Catalina’s. Foto: Susi Franco, JEFAS Magazine.

Por Karlha Velásquez

Cada obstáculo se convirtió en una oportunidad para Carolina Velásquez. ¿No hablaba inglés? Las aplicaciones de traducción lo solucionaron. ¿Las flores eran costosas? Encontró proveedores en Ecuador. ¿Un ultimátum de su pareja? Se convirtió en una señal divina para expandirse. La historia de Velásquez ilustra un principio simple: cuando la fe se une a la acción, los obstáculos se transforman en oportunidades. Ha aplicado esa lección —desde los desafíos migratorios hasta el emprendimiento— para construir dos negocios prósperos en Nebraska.

Velásquez, de 31 años, es originaria de Quiché, Guatemala. Desde muy joven mostró el mismo empuje y determinación que su madre, Catalina, hablante indígena de k’iche’ que viajaba extensamente vendiendo productos nutricionales, a pesar de no hablar español con fluidez ni contar con un título universitario. “Para ella, el idioma no es una barrera. Incluso con gestos, logra sus objetivos”, dice Velásquez con admiración. Esa fortaleza inspiró el nombre Catalina’s Shopping, en honor a su madre.

De Guatemala a Nebraska: el camino de Cornelia Velázquez

Una sólida ética de trabajo marcó a Velásquez desde el inicio. Recuerda que su madre la impulsaba a trabajar desde muy joven, aunque ella sentía que no encajaba en un sistema construido para trabajar para otros. Cuando su madre le sugirió mudarse a la capital por un empleo, Velásquez se negó: no quería separarse de ella ni vivir una vida que no sintiera propia. Así tomó una decisión que cambiaría todo: migrar sola a Estados Unidos.

Su madre hizo sacrificios para reunir el dinero del viaje. En 2011, Velásquez llegó a la frontera, se quedó con primos y comenzó a trabajar en Maryland. No permaneció mucho tiempo. La comunidad centroamericana establecida allí le recordaba demasiado a Guatemala. Su objetivo era claro: no mirar atrás.

Se mudó a Fremont en 2013 y consiguió empleo en una planta empacadora de carne. Con el tiempo, conectó con su vena emprendedora vendiendo perfumes y productos por catálogo en el trabajo. Las ventas crecieron y las cajas llenaron su sala. Pero su pareja en ese momento no la apoyaba. Amenazó con tirar sus productos y le gritó: “¡Consíguete una tienda!”

Velásquez no se rindió. Lo tomó como una señal para soñar en grande. Rezó por una tienda que pudiera pagar. Menos de 15 días después, la encontró.

Sin hablar inglés, utilizó traductores y aplicaciones para negociar el contrato de arrendamiento. El local llevaba tres años vacío, pero en cuanto firmó a finales de 2021, surgieron otros interesados. Abrió su tienda en enero, el mes de su cumpleaños.

Hoy cuenta con dos ubicaciones. Una, bastante amplia, alberga una boutique de ropa y joyería para mujer. La otra, abierta hace cuatro años, ofrece una exitosa línea de arreglos florales.

Celebrar el amor, la innovación y la fe a través de las flores

Su línea floral comenzó de manera inesperada. Alguien le regaló flores de cumpleaños y las colocó como decoración en la tienda. Una clienta preguntó si estaban a la venta. No lo estaban, pero ella vio otra oportunidad.

Al acercarse el Día de San Valentín, compró flores de supermercado y comenzó a crear sus propios arreglos. Al principio eran sencillos; con el tiempo se volvieron más elaborados. Incorporó chocolates, anillos y joyería, siempre añadiendo un toque personal. Para su sorpresa, el margen alcanzó cerca del 60%. “No podía creerlo”, afirma.

Como las flores de supermercado eran costosas, buscó proveedores en Ecuador. “Yo me encargué de toda la logística. Un buen amigo me ayudó a identificar a los socios correctos. Ahora pago tres impuestos más el costo de las flores y, aun así, obtengo ganancias”, explica.

Velásquez se ha convertido en experta. Estudió la calidad, los tallos, las variedades y los estrictos procesos aduaneros. A pesar de los desafíos iniciales, ha construido un negocio rentable, con ventas que alcanzan su punto máximo en San Valentín, el Día de la Madre y Navidad, así como en fechas promovidas por floristas, como el día de las “21 flores amarillas” en marzo.

Ese día, la tradición dicta regalar 21 flores como símbolo de fidelidad. “Cuando los clientes vienen por sus novias, les digo, medio en broma, que la superstición de las 21 flores es real. Pobrecitas las mujeres que no las reciben”, agrega entre risas.

Cornelia Velázquez, propietaria de Compras de Catalina’s. Foto: Susi Franco, JEFAS Magazine.

Fortaleza, resiliencia y confianza como guía

Velásquez se describe como una mujer de carácter fuerte: resiliente, cálida y firme, un legado de su madre. Cree en la acción por encima de las palabras. Para ella, los problemas tienen solución y los límites son puntos de partida. Aunque no ha tomado cursos de negocios, su instinto emprendedor y su determinación la han llevado lejos.

Hoy trabaja junto a su hermano, ahora su socio. Él se encarga de la contabilidad, la tecnología y las cintas personalizadas que acompañan los arreglos. Juntos operan Catalina’s Shopping de lunes a sábado. Los domingos están reservados para el culto, con la misma fe que la llevó de ser una adolescente que se negaba a trabajar para otros a una emprendedora que genera empleo y aporta belleza a su comunidad a través de las flores y la moda.


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