Edna Suárez, propietaria de Artesan Bread Inc. Foto: Susi Franco, JEFAS Magazine.

Por Karlha Velásquez

A las 7 a.m., el aroma del pan recién horneado recorre las calles y atrae a los vecinos hacia Artesan Bread Inc., ubicado en 215 North Main St. en Fremont, Nebraska. La mujer detrás de este ritual diario es Edna Suárez, originaria de Puebla, México, quien decidió convertir su pasión en un negocio.

Para muchas personas, esta panadería es el punto de partida del día. Ya sea con un café en la mano o un croissant relleno de jamón y queso, la jornada laboral no comienza oficialmente hasta que los clientes pasan por esta panadería de propiedad latina, que se ha convertido en un referente en la comunidad.

De Puebla a Fremont: cumplir un sueño

Aunque los productos dulces, como las tradicionales conchas y el famoso pastel de tres leches, son los más populares, los desayunos salados han sido parte del secreto de un éxito que se ha mantenido firme desde 2015.

Suárez recuerda que desde niña supo que la cocina era su vocación: vendió su primer pastel a los 9 años. Años después conocería a Raúl Moreno, panadero profesional y, más importante aún, el hombre que se convirtió en su compañero de vida y de negocios. Lo que comenzó como un sueño compartido se hizo realidad cuando decidieron dar el salto y abrir Artesan Bread Inc.

La inversión inicial provino de un amigo, un préstamo y mucha confianza. “Trabajábamos día y noche, con solo un empleado de tiempo completo y dos de medio tiempo. No había otra opción: o funcionaba, o funcionaba”, recuerda Suárez con una sonrisa que refleja más orgullo que cansancio.

Corazón de madre y espíritu emprendedor

Si abrir una panadería es un desafío, hacerlo mientras se cría a seis hijos es casi un deporte olímpico. Suárez admite que con los tres primeros fue difícil porque el negocio demandaba cada minuto de su tiempo. Sin embargo, aprendió a encontrar el equilibrio. Hoy, junto a su esposo, maneja un sistema logístico familiar casi militar: uno se queda en la panadería mientras el otro asiste a partidos de fútbol, karate o actividades escolares.

“Nos turnamos. Si yo me pierdo un partido, él va; si él está cansado, voy yo. Al final, los niños siempre tienen a uno de nosotros en las gradas”, explica.

Una vitrina llena de color

El éxito de Artesan Bread no solo se debe a la calidad de sus productos, sino también al ojo estético de Suárez. “El secreto está en el equipo y en la vitrina colorida”, comparte.

Ella administra horarios y nómina, cuida al personal y se asegura de que la vitrina siempre luzca atractiva. “Hay panes que no son muy populares, pero nos gusta tenerlos. Se ven hermosos y mantienen la vitrina llena de color”, dice.

Esa atención al detalle también ha hecho que su equipo permanezca durante años, aunque reconoce con humor que algunos aún tienen dificultades para recibir órdenes de una mujer. “Con mi esposo no hay problema, pero conmigo es cuando sale el machismo. Trabajan bien, pero a veces les cuesta obedecerme. Claro que no los dejo salirse con la suya”, comenta entre risas.

Edna Suárez, propietaria de Artesan Bread Inc. Foto: Susi Franco, JEFAS Magazine.

La perseverancia es clave

Tras años de jornadas de 16 horas mientras cuidaba de su familia, Suárez comprendió que necesitaba tiempo para sí misma. Ahora se permite pequeños gustos: ir al salón de belleza, tomar café con amigas o salir de compras. “No siempre pasa, pero cuando pasa, se siente glorioso”, afirma.

Su esposo incluso la anima. “Adelante”, le dice. “Yo me encargo de los niños”.

Hoy, mientras observa rostros conocidos entrar por su antojo diario, Suárez reflexiona sobre el camino que la llevó hasta aquí. Es la prueba de que los sueños no se hornean de la noche a la mañana. Requieren paciencia, trabajo duro y perseverancia. Su consejo es claro: “Nunca dejes de luchar por lo que quieres. A veces toma más tiempo, pero siempre vale la pena”.

Mientras vive esta filosofía, la panadería sigue llenándose de clientes fieles atraídos por la magia de su pan recién horneado y la constancia de una mujer que convirtió el sacrificio en éxito, transformando su horno en una calidez compartida en todo Fremont.


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