
Alejandra Jiménez en la Greater Omaha Chamber, donde trabaja con el programa REACH para ayudar a pequeños negocios emergentes a acceder a capacitación, recursos y nuevas oportunidades. Foto por: Photo by Karlha Velásquez Rivas.
Por Karlha Velásquez Rivas, JEFAS Magazine
Desde una oficina de paredes blancas en Omaha, Alejandra Jiménez prepara programas, coordina entrenamientos y abre conversaciones que pueden cambiar el rumbo de pequeños negocios emergentes. Su trabajo no se limita a organizar clases o conectar recursos: también consiste en acompañar a emprendedores que necesitan estructura, confianza y dirección para crecer.
Jiménez es directora de Small and Emerging Business Development en la Greater Omaha Chamber y forma parte del equipo de REACH, un programa dedicado a fortalecer a pequeños negocios emergentes, especialmente en el sector de la construcción y servicios profesionales. A través de educación, asistencia técnica, mentoría y conexiones estratégicas, REACH busca que las empresas locales aumenten su capacidad, amplíen su fuerza laboral y estén mejor preparadas para competir por contratos.
De acuerdo con los datos de la Greater Omaha Chamber, REACH ha apoyado a más de 700 negocios desde 2015. Sin embargo, detrás de cada cifra hay muchos éxitos de empresarios liderados por Jiménez.
Su vocación de servicio comenzó mucho antes de llegar a ese cargo. Jiménez se define como una mujer emprendedora e intencional. Ha aprendido a decir “no”, pero también a ser cuidadosa y comprometida cuando decide decir “sí”. Esa forma de mirar la vida se conecta con una experiencia personal: cuando llegó a Omaha desde California, recuerda haberse sentido sola. Desde entonces, una parte de su propósito ha sido ayudar a que otras personas no atraviesen ese camino sin orientación.
Desde los 13 años comenzó a servir como voluntaria en un hospital. Con el tiempo, su vida profesional la llevó por distintos caminos: trabajó en ventas dentro del mundo corporativo, hizo una pausa para dedicarse por completo a la maternidad y luego encontró un nuevo rumbo en organizaciones sin fines de lucro. Esa transición, cuenta, no fue fácil. “Tuve un tiempo que no trabajé porque fui ama de casa; eso fue un reto”, recuerda.
Hoy suma más de una década de trabajo comunitario y de desarrollo empresarial. Antes de su rol actual, trabajó con programas de apoyo a pequeños negocios en organizaciones como Catholic Charities y RISE, experiencias que la acercaron directamente a emprendedores que necesitaban educación, estructura y acceso a recursos.
Su formación académica también refleja ese interés por los negocios. Estudió Administración de Empresas, inició sus estudios en la Universidad de Nebraska en Omaha y los culminó en Bellevue University. Pero su aprendizaje no se limitó a las aulas. Jiménez también probó distintas ideas de negocio: vendió cremas, bolsas y otros productos, y afirma que en ese proceso fue entendiendo de primera mano lo que significa intentar, fallar, corregir y seguir adelante.
Ese espíritu emprendedor también está presente en su faceta como asesora de imagen y estilo. A través de su consultoría, orientada especialmente a mujeres de negocios, Jiménez acompaña a otras mujeres a proyectar seguridad, autenticidad y presencia profesional. Esa experiencia complementa su mirada sobre el liderazgo: para ella, crecer también implica reconocerse, ocupar espacios y confiar en la propia voz.
Emprender no es solo tener ganas
Uno de los mensajes centrales de Jiménez es que emprender no debe romantizarse. Para ella, abrir o hacer crecer un negocio exige educación, disciplina y responsabilidad. No basta con tener talento o una buena idea: también hay que entender permisos, licencias, impuestos, contratos, planes de negocio y procesos administrativos.
En REACH, explica, los emprendedores pueden recibir apoyo sin tener que ser miembros de la Cámara de Comercio de Omaha. El programa ofrece recursos gratuitos, clases y conexiones con aliados comunitarios. Entre los temas que se abordan están la diferencia entre contratar empleados y trabajar con contratistas independientes, la creación de planes de negocio, aspectos básicos de impuestos, el uso de inteligencia artificial en ciertas tareas empresariales y entrenamientos como OSHA 10 en español.
Jiménez destaca además el trabajo de REACH Advanced Construction Academy, una academia más avanzada para negocios con al menos dos años de operación. En ese espacio, empresarios con más experiencia analizan retos específicos, aprenden a leer planos, revisan cómo elevar su nivel competitivo y escuchan a expertos que los ayudan a prepararse para contratos de mayor alcance.
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Para ella, una de las mayores barreras que enfrentan los emprendedores es la falta de información. Muchas personas no saben dónde buscar ayuda confiable y pueden terminar pagando demasiado por procesos básicos, como registrar una empresa o iniciar trámites con el estado. Por eso insiste en que Omaha cuenta con organizaciones sin fines de lucro que pueden orientar a bajo costo o sin costo, y que el primer paso debe ser informarse antes de tomar decisiones apresuradas.
También advierte que crecer implica asumir nuevas responsabilidades. “Por ejemplo, una persona que comienza vendiendo comida desde casa debe entender que, si quiere expandirse, necesita conocer las licencias, reglas y requisitos correspondientes”, dice. Para Jiménez, formalizarse no es un obstáculo: es parte del camino para poder competir y sostener un negocio a largo plazo.
Liderazgo con corazón, pero sin paternalismo

Foto por Photo by Karlha Velásquez Rivas.
Quienes trabajan con Jiménez también se encuentran con una líder cercana, sensible y directa. Ella misma reconoce que puede ser “regañona” cuando se pone la cachucha de maestra, pero lo hace porque quiere ver a los emprendedores crecer. “Yo quiero verte crecer y te voy a acompañar, pero no te voy a agarrar la mano”, dice al explicar su manera de orientar.
Esa frase resume su estilo de liderazgo: acompañar sin crear dependencia. Jiménez cree que parte del trabajo con la comunidad hispana consiste en desaprender la idea de que otros deben hacerlo todo por uno. Su enfoque no es asistencialista; busca que los emprendedores adquieran herramientas para caminar por sí mismos, tomar mejores decisiones y asumir el control de su crecimiento.
También ha aprendido que decir “no” puede ser una estrategia empresarial. No todos los contratos son buenos para un emprendedor, advierte. Un proyecto puede parecer atractivo por el dinero, pero convertirse en un problema si la empresa no está preparada para cumplirlo. Lo mismo ocurre cuando amigos o conocidos esperan descuentos, favores o trabajo gratuito. Para Jiménez, aprender a valorar el propio trabajo es parte esencial de emprender.
Como mujer latina en espacios empresariales, reconoce que su camino no siempre ha sido sencillo. Ha tenido que ganarse respeto en ambientes competitivos y, en ocasiones, frente a personas que cuestionan su conocimiento o su autoridad. Sin embargo, esos retos también han fortalecido su voz y su presencia dentro de la comunidad empresarial de Omaha.
El abrazo que vale un millón de dólares
Entre las historias que más la han marcado está la de una mujer a quien ayudó años atrás, cuando trabajaba en Catholic Charities. Tiempo después, aquella emprendedora ya tenía un local y ofrecía servicios de catering. Al reencontrarse, la mujer la abrazó. Para Jiménez, ese gesto “vale un millón de dólares”.
Esa escena explica por qué no ve su labor únicamente como un trabajo. Lo que más la mueve es ver a otros avanzar: conseguir su primer contrato, contratar empleados, profesionalizar sus operaciones o alcanzar una meta que antes parecía lejana. “Los logros de ellos son mis logros”, resume.
La comunidad también le ha enseñado que liderar implica perder el miedo a fallar. Para Jiménez, un líder debe estar dispuesto a equivocarse, sentirse incómodo, hacer cosas que dan miedo y seguir aprendiendo. También cree que el liderazgo verdadero requiere bajar el ego, compartir información y dejar de mirar a otros como competencia.
Fuera de su rol profesional, quiere ser recordada como una mujer auténtica, alegre y fuerte; alguien que siguió adelante con fe, valentía y amor. Sobre todo, quiere que sus hijos sepan que todo lo que hace también lo hace por ellos.
Es así como Alejandra Jiménez se ha convertido en una voz que combina estrategia y humanidad. Su mensaje para los emprendedores es claro: infórmense, prepárense, aprendan a decir no cuando sea necesario y atrévanse a avanzar, incluso con miedo.
Por último, Jiménez tiene su empresa de asesoría de moda para mujeres empresarias, pueden buscarla como LIV Avenue Co. en Instagram.
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