Magdalena Aravena, arquitecta paisajista y fundadora de Studio Siembra en Des Moines, Iowa. Foto: Jennifer Marquez.

Magdalena Aravena, fundadora de Studio Siembra en Des Moines, trabaja con las comunidades para diseñar parques y espacios públicos más inclusivos.

Por Lily Allen-Dueñas

¿Cuántos recuerdos guardas de un parque? Tal vez jugaste fútbol, compartiste un picnic familiar o saliste a pasear a tu perro. Pero ¿alguna vez te has preguntado quién decidió dónde colocar los árboles, los senderos, los juegos infantiles o las áreas de reunión? Probablemente nunca. Para Magdalena Aravena, PLA, ASLA, esa es precisamente la labor a la que ha dedicado su vida.

Aravena es fundadora de Studio Siembra, una firma de arquitectura del paisaje y participación comunitaria con sede en Des Moines. Su trabajo consiste en diseñar parques, áreas de juego y otros espacios públicos a partir de una convicción: las personas que utilizan esos lugares deben tener voz en las decisiones sobre su diseño.

«Diseñamos espacios que responden a la cultura de las comunidades a las que sirven, para que las personas puedan verse reflejadas en ellos», explica Aravena.

Antes de encontrar su vocación, estudió ingeniería civil en la Universidad de California, Davis. Su acercamiento a la arquitectura del paisaje ocurrió casi por casualidad.

«Descubrir la arquitectura del paisaje fue un golpe de suerte. Es una combinación de ecología, arte, creatividad, ciencia y sociología. Desde que encontré esta profesión, me ha encantado dedicarme a ella».

Una profesión dedicada a los espacios públicos

Magdalena fundó Studio Siembra en 2021, cuando vivía en Denver, y trasladó la empresa a Des Moines en 2024. Nació en Chile y llegó a Estados Unidos a los 9 años. Con el tiempo, descubrió que lo que más le apasionaba de su profesión no era diseñar desarrollos privados, sino trabajar en espacios públicos donde las comunidades pudieran participar en las decisiones que transformarían su entorno.

«Studio Siembra nació mientras buscaba definir qué tipo de arquitecta paisajista quería ser y qué impacto deseaba tener, tanto en la profesión como en la manera de trabajar con las comunidades», cuenta.

Su equipo bilingüe ayuda a que los residentes hispanohablantes participen plenamente en los procesos de planificación. Además de facilitar la comunicación entre idiomas, explica conceptos técnicos de diseño para que más personas puedan comprender las propuestas y expresar sus opiniones.

Los proyectos públicos suelen incluir reuniones de participación comunitaria, pero eso no significa que todas las personas se sientan cómodas asistiendo. Las barreras del idioma, la falta de información o incluso la sensación de no estar representadas pueden impedir que algunas comunidades participen. Studio Siembra busca cambiar esa realidad.

La firma colabora con municipios y comunidades de Iowa, Colorado y otras regiones del Medio Oeste para diseñar espacios públicos inclusivos y asegurar que las opiniones de los residentes formen parte del proceso, desde las primeras conversaciones hasta el desarrollo del proyecto.

El nombre de la empresa resume su filosofía. Para Aravena, cada proyecto representa una oportunidad de sembrar algo que beneficie a la comunidad.

«Sembramos las semillas de un mundo más hermoso. Optimismo. Salud. Vamos sembrando todas esas pequeñas cosas para crear espacios y entornos más saludables, más bellos y más funcionales».

Un parque que cuenta las historias de su comunidad

Uno de los proyectos que más reafirmó esa filosofía fue el rediseño de La Raza Park, en Denver. Durante meses, Aravena escuchó a los residentes compartir recuerdos, tradiciones y esperanzas sobre el futuro del parque.

En una de las reuniones comunitarias ocurrió algo inesperado: apareció un grupo de libélulas. Varias personas se emocionaron al explicar que, para ellas, estos insectos simbolizaban las visitas de sus antepasados y las bendiciones de sus mayores.

«A partir de una sola historia sobre las libélulas, pudimos incorporar esa narrativa al diseño del parque, de manera que, cuando abrió sus puertas, siguiera transmitiendo el significado y la cultura que la comunidad tanto anhelaba», recuerda.

Aquella conversación terminó dejando una huella tangible en el proyecto. El diseño incorporó motivos de libélulas y un área de juegos inspirada en las nubes, elementos que conectan el espacio con las historias de quienes lo utilizan.

Magdalena Aravena junto a su madre, Andrea Gutierrez. Foto: Jennifer Marquez. Foto: Jennifer Marquez.

Mentoría y crecimiento a través de la colaboración

Además de transformar espacios públicos, Aravena espera inspirar a otras emprendedoras latinas a abrirse camino sin renunciar a su identidad.

«No hay protesta más grande ni más radical que simplemente ser quien eres», afirma.

También considera fundamental cultivar relaciones dentro de cada industria y conectar con personas que aporten nuevas perspectivas.

«Conocer a personas que están haciendo algo diferente o que están generando un impacto te ofrece una perspectiva que difícilmente encontrarías si no tuvieras esas conexiones».

La mentoría ha sido importante en su trayectoria, aunque Aravena prefiere entenderla como un intercambio en el que ambas partes tienen algo que aportar.

«En lugar de buscar a alguien que sea mi mentor, he tratado de construir relaciones más recíprocas, en las que la otra persona sienta que tú también tienes algo que ofrecer», explica.

«Empieza preguntando: “¿En qué puedo ayudarte?”, en vez de “¿En qué puedes ayudarme?”. He descubierto que así se construyen relaciones mucho más sólidas».

De cara al futuro, Aravena está impulsando un colectivo de pequeñas firmas de arquitectura del paisaje que puedan colaborar entre sí sin perder su independencia.

«Estamos buscando aumentar nuestra capacidad sin renunciar a la autonomía que implica tener mi propio negocio. Queremos replantear cómo podría funcionar un modelo empresarial exitoso».

Detrás de Studio Siembra permanece la convicción que ha guiado el trabajo de Magdalena desde el principio: todas las comunidades merecen verse reflejadas en los lugares que consideran su hogar.

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